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septiembre 2011

 

una acotada colección.

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soy muy presa fácil de la atracción visual.

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a 1 cuadra y media de nuestra casa de Ecuador había una librería muy dimensión paralela, atendida por su dueña —una señora de muy pocas pulgas y bastante antipática.

la cuestión es que su librería era un universo todo kitschinfantil vintage, donde encontrabas cosas de MyMelody originales y dress-up dolls de época, cartucheras de plástico de My Little Pony y anotadores con dibujos románticos de pajaritos con cintas y moños. bueno, de hecho ahí mismo conseguí «la cartuchera de tres pisos» de la que les hablo acá.

les contaba que la señora era un poco corta mambo, más que nada cuando ibas con curiosidad y vinculabas con algún objeto.  si ibas a hacer una fotocopia, no te digo que era un dechado de simpatía pero al menos no se le amargaba el gesto como cuando llegabas y le preguntabas si te mostraba los papeles de carta, ponele .

un día fui a comprar un regalo para una amiga y me dijo:

—«No me quedó nada más de lo que vos buscás, se lo vendí todo a una agencia de publicidad, vino una chica y me compró todo, no me quedó nada».

tuve un poco un shock. no lo había visto venir para nada y me pareció muy angurriento de su parte.

cuánta maldad.

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cambiar de estación le da a todo otro color.

llegar del verano al invierno tiene su cuota de shock.

 

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