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volví.

me estoy reorganizando.

busco ph en estado de ansiedad permanente.

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lo seriamente dificultoso que va a ser dejar este lugar.

 

intentanto capturar un poco el espíritu de estos días —con imágenes que no son mías.

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«Al ingresar en cualquier espacio de la vida cotidiana encontramos que, en algún sentido, la escena ha sido preparada, que en ella algo ha sido dispuesto. Los objetos seleccionados junto a un mobiliario compuesto que sugiere escenas de diálogos e intercambios suspendidos, la presencia de algún elemento decorativo, el vacío mismo, una cierta temporalidad quebrada, articulan y conforman ese espacio»

—Marita Soto, «La puesta en escena de todos los días. Prácticas estéticas de la vida cotidiana»

 

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se vienen a tope de color.

nunca entendí la asociación entre los colores así y el territorio de lo “vitamínico” —qué, las vitaminas son de colores? no sabía.

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hace unas semanas Tito se reía porque sin querer mi escritorio está casi idéntico y calcado de mi escritorio en Buenos Aires.

fue muy fuerte verlo>  enorme tablón de obsceno tamaño, impresora a la izquierda, lámpara, lapiceros repletos, pilas de post-its, la computadora justo en el centro y luego, a la derecha, todo otro medio metro ocupado con libros principalmente de semiótica, estética o autobiografías [o 2 en 1 mejor], libretas, cuadernos, moleskines varias, recetas, insumos artísticos como lápices, acuarelas, marcadores, papel de origami, blondas y hojas de varios gramajes distintos por si pinta collage y un libro del Método Singer que estoy interviniendo y andá a saber.

todo apiladito que es el terror de la ingeniería pero es mi sistema. Tito observa que trato a la ciencia como arte.

abajo del escritorio están las revistas, las novelas rosas, el costurero y los materiales de bordado —no vengo bien en labores y manualidades igual.

en fin, a lo que iba con todo esto es que ayer visitamos la biblioteca y me traje «Roland Barthes por Roland Barthes». con Barthes me pasa que me parece que escribe dramático como nadie y te monta toda una escena en una sola frase y una novela en una sola idea aunque esté hablando de todas otras cosas, pero no sé mejor cómo explicar lo que me parece y me parece también que es una lectura cuyo placer es solamente comparable al momento preciso en el que sentís un chocolate disolverse en la boca haciéndolo durar como para que el goce parezca perpetuo por un rato. así, a ese nivel.

entonces es que estoy en la cama antes de dormir y leo «Mi cuerpo está libre de todo imaginario cuando reencuentra su espacio de trabajo. Este espacio es en todas partes el mismo, pacientemente adaptado al goce de pintar, de escribir, de clasificar».

y me pasan cosas por dentro a todo nivel.

 

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en su terraza, mi abuela «Pirucha» tenía un jardín de invierno de ensueño lleno de helechos y otras plantas así exuberantes que crecían por todas partes. había también un elefante blanco de cerámica de aproximadamente 50 cm de altura al que yo me subía a jugar a las novelas.

eso, me imagino, hizo que de grande me flasheara un poco la cabeza la Great Expectations de Alfonso Cuarón.

 

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para la salud y la enfermedad>

nada peor que estar enfermo en un dormitorio que no es el tuyo.

 

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el color me da mucho buen humor.

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a veces las cosas me exceden, es sabido. por ejemplo la locura esta que tengo con estas rocas y sus más diversas manifestaciones y representaciones en las estéticas de la vida cotidiana.

retomando el tópico, los dejo acompañados de un set más en esta dirección con jabones, estampados y accesorios de iluminación.

un tip que les paso es que este hit geológico, por llamarlo de alguna manera, estuvo muy en boga en la época de nuestras abuelas, de modo que en la casa de más de una debe haber ceniceros, platitos y cositas ornamentales que hoy por hoy garpan total.

les dejo la inquietud.

 

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