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vintage

 

esta película la vi a los 12 o 13 años y desde entonces es como algo que siempre explica muy bien mi mundo interior.

ya sé, estoy diciendo pavadas —pero es que soy igual.

 

me encanta que Molly tiene una tortuga como mi amigo Santi y que todos los adultos están siempre un poco bebidos de más —hete aquí la vida misma.

la tengo en VHS  —cosas de Bárbara.

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arqueología estética del álbum familiar.

 

 

el montaje de espejos como sistema decorativo del hogar.

superposición — dispersión — desnivelación.

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desde siempre me encanta el género paper dolls. cuando era chica hacía muchas articuladas con los broches mariposa. hace no mucho hice unas, aunque debo admitir que nunca las terminé.

cuando son dress-up me gusta más todavía.

en Barcelona me compré un dress-up imantado de bailarinas, pero solamente usé una bailarina con tutú para la heladera, lo quería específicamente para eso y como único ornamento de la puerta, del freezer puntualmente.

no sé, ideas mías.

 

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The Help —2011.

 

 

a veces me pongo un poco melancólica y vengo acá a despuntar el vicio.

pero en general yo nada que ver.

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lo único más íntimo que la  intimidad pura y dura,

la de acá en casa con mi marido, por ejemplo,

es todo lo que se expresa sin lengua,

que es emoción viva o nada.

 

 

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a 1 cuadra y media de nuestra casa de Ecuador había una librería muy dimensión paralela, atendida por su dueña —una señora de muy pocas pulgas y bastante antipática.

la cuestión es que su librería era un universo todo kitschinfantil vintage, donde encontrabas cosas de MyMelody originales y dress-up dolls de época, cartucheras de plástico de My Little Pony y anotadores con dibujos románticos de pajaritos con cintas y moños. bueno, de hecho ahí mismo conseguí «la cartuchera de tres pisos» de la que les hablo acá.

les contaba que la señora era un poco corta mambo, más que nada cuando ibas con curiosidad y vinculabas con algún objeto.  si ibas a hacer una fotocopia, no te digo que era un dechado de simpatía pero al menos no se le amargaba el gesto como cuando llegabas y le preguntabas si te mostraba los papeles de carta, ponele .

un día fui a comprar un regalo para una amiga y me dijo:

—«No me quedó nada más de lo que vos buscás, se lo vendí todo a una agencia de publicidad, vino una chica y me compró todo, no me quedó nada».

tuve un poco un shock. no lo había visto venir para nada y me pareció muy angurriento de su parte.

cuánta maldad.

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podría escribir mi autobiografía centrada en las distintas respuestas que tuve al teléfono en distintos momentos de la vida.

objeto absoluto y total de la materialización de la neurosis, cuando venían con cable los nudos y los enredos eran mi debilidad.

en otro momento ya solamente con sonar me podía llegar a dar un soponcio, un terror tan profundo que prefería ignorar.

hoy en día me encanta que la que llama soy yo y nadie me llama porque siempre es a muy lejos o muy caro y tengo total dominio de la situación.

 

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hay una cosa de futuro verano en el aire que me entusiasma y me anima el espíritu a más no poder.

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gran material de collage.

 

 

 

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